Como quien no quiere la cosa, y casi sin darnos cuenta hemos creado un país que, según mi criterio, debería ser estudiado por los científicos americanos y, posteriormente, tomado como ejemplo de todo lo que no debe hacerse.
Hemos necesitado ganar un mundial para poder exhibir nuestra bandera con orgullo sin que nos critiquen y nos llamen fachas. Despreciamos nuestra lengua y anteponemos palabras extranjeras a las nuestras porque parece que queda más “cool”. Adoptamos costumbres y tradiciones de otras culturas que, sin lugar a dudas, son bastante peores que las nuestras y totalmente descontextualizadas en nuestro modo de vida. Celebramos Halloween, Papá Noel, y toda suerte de fiestas paganas, pero seguimos queriendo tener derecho a nuestras festividades, que casi todas son religiosas. Las vacaciones “ni tocarlas”. Permitimos que nuestros hijos hagan cola en calquier local de comida basura (fast food) despreciando la dieta mediterránea, la mejor y más reconocida en todo el mundo y proliferan en nuestra tierra todo tipo de establecimientos relacionados con la primera mientras fuera de nuestras fronteras se pirran por nuestras recetas. Consentimos que arraiguen en nuestros retoños falsas creencias como que comer comida rápida es algo habitual, aún cuando ni tienen prisa cuando salen a la calle, ni es más barata, si echamos cuentas.
La gente que viene a España en busca de trabajo intenta luchar por no olvidar sus costumbres, porque se respeten sus ritos y festividades, sus religiones, y todo su acervo cultural que intentan expandir allá por donde van. Nosotros, por el contrario, estamos acomodados en nuestro sillón, y con el mando a distancia en la mano, nos limitamos a quejarnos de lo mal que estamos, y de la poca luz que se ve en un futuro a corto o medio plazo.
No nos preocupamos de invertir en educación para que, aunque sea egoistamente, los jóvenes de hoy puedan contribuir el día de mañana a pagar nuestras pensiones. No importa. Nos aconsejan contratar un plan de pensiones privado y ya no hay problema.
Nos quejamos de la televisión,” hoy tampoco echan nada”; nos tiramos toda la noche haciendo zapping, pero no somos capaces de apagarla. En el fondo, España tiene la tele que se merece. Todos criticamos a los famosos de hoy en día, pero nos sabemos sus vidas de cabo a rabo; nos tragamos “Gran hermano”, “DEC” y “Sálvame”; reconocemos a una tal Belén como la princesa del pueblo, y según los últimos sondeos, si se presentara a las elecciones, obtendría incluso más votos que algunos de los partidos que llevan presentándose desde que la “democracia” existe.
Intentamos crear una Europa más unida, donde unificamos la moneda y suprimimos fronteras, pero respetamos que algunas partes de nuestro país se separen cada vez más e incluso se llamen nación. No lo entiendo.
Tenemos una nueva clase social, los políticos, cuya funcionalidad es cada vez más discutida, y con cuya actuación el pueblo está cada vez más descontento. Se tiran los trastos a la cabeza sobre cualquier memez, pero llegan a acuerdos por mayoría absoluta sobre aspectos tan importantes para el país como el seguir viajando en Bussines Class, la paga vitalicia o disponer de coche oficial con chofer. Y luego nos intentan convencer de que si vamos a 110 con el coche, vamos a salir de la crisis.
Vivimos en un país donde nos regocijamos en proclamar que hemos vendido nuestro piso por el cuádruple de lo que nos costó, sin reparar en el hecho de que ese dinero lo vamos a gastar en comprarnos otro que también nos va a costar cuatro veces más de lo que debería costar. Pero para eso están los bancos. “Es un poco más caro, pero es que tiene vistas a IKEA”, me comentaban en una inmobiliaria. Además de lo sobrevaloradas que se encuentran las viviendas, no nos importa pagar varias veces su importe con tal de poder sacar el pecho delante de nuestros invitados y hacer como que vivimos “de puta madre”, aunque sea en una jaula de oro. Llega el verano y no hay dinero para el viaje. No pasa nada. Volvemos al banco. “Financiamos tu viaje “, advierte un cartel en la agencia de viajes del Corte Inglés. ¿Tenemos algo que celebrar?. De nuevo al banco. ¿Un coche nuevo? Al banco. Sin darnos cuenta nos encontramos hipotecados hasta las trancas y sin poder responder a los pagos que debemos hacer al que, de repente, ya no es nuestro amigo. Aún así, sigue sin pasar nada. Oímos en la radio un anuncio que dice “¿Te cuesta llegar a fin de mes? ¿Tienes varios préstamos que no puedes pagar?¿Te gustaría pagar menos por ellos?”. Contestas mentalmente que sí a todo. “Reunificamos tus préstamos”, es la siguiente frase que escuchamos. Menuda panacea. Pagas menos al mes, pero te endeudas hasta el día del jucio final por la tarde.
Y así se podría seguir escribiendo y escribiendo, que esta historia es interminable, que cuando vemos a gente de otros países que se manifiesta en contra de sus gobiernos nos limitamos a decir”vaya locos”. Aunque nos rebajaran el sueldo el 50 por ciento seguiríamos diciendo “menos mal que aún nos queda la otra mitad”. Es triste decirlo, pero a día de hoy, esto no hay Dios que lo arregle. “Spain is different”. Yo intento luchar contra todo esto, y con muchos granos de arena se puede hacer un castillo. ¿O no?